Red Bull Out of Hell | Revivelo en video

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De las garras del infierno, a las puertas del paraíso

El domingo pasado arrancamos felices del infierno porque solo nos trajo satisfacciones. Este año Lucifer fue un buen anfitrión, abriéndonos las puertas de su casa para que volviéramos a ser sus huéspedes por un día, esta vez, en el gran Volcán Sollipulli que permaneció silencioso y apacible, con esa boca ancha de no menos de 4 Km. de diámetro que se tragó sin asco a 60 corredores como si fueran maní.

Este año cambiamos de locación pensando en nuestra cordillera infinita que merece ser explorada, con tantos volcanes magníficos por descubrir. Un nuevo destino es siempre una nueva aventura en todo sentido, y el Sollipulli no fue la excepción.

Desde que fuimos a conocer la zona por primera vez tuve la sensación de que este año sería particularmente bueno, primero porque la meta estaría en el campamento, lugar que fácilmente podría confundirse con el Jardín del Edén, y segundo porque la ruta tenía sorpresas interesantes que harían más entretenida la carrera, entre ellas una etapa de 3 km. de trailrunning por una selva de Coihues y Araucarias, que han mirado pasar el tiempo desde que Colón todavía soñaba con algún día ser capitán de barco.

Como siempre durante la previa fueron muchas horas sentado frente a la pantalla viendo como el pronóstico cambiaba de nubes a parcial, a viento, a sol, y a nubes de nuevo… las uñas eran las que más sufrían. Una vez que se tomó la decisión ya no había retorno, la ventana era apretada y un poco incierta, solo quedaba cruzar los dedos y tener fe. Cuando llegamos a nuestra locación estaba lloviendo, y cuando nos fuimos estaba nevando, pero el día que tenía que estar bueno, no pudo estar mejor. El domingo amaneció en Sollipulli como cualquier mañana en San Pedro de Atacama. Los corredores estaban listos para entrar nuevamente en el infierno a correr como demonios, para salir y cruzar la meta como ángeles.

Lo más lindo de una carrera es la experiencia, algo intangible que solo se entiende cuando eres corredor. La experiencia lo es todo, desde que sales de tu casa ansioso hasta que vuelves lleno de dicha hasta el cuello. La experiencia es parte de ti ahora, se funde en tu cerebro y ahí se queda hasta que en algún momento reaparece en forma de recuerdo y se te llena la cara de sonrisa, a lo mejor con tus nietos, y les dirás “ahí estuve una vez, yo también escapé del infierno”.

La verdad es que los corredores lo pasan tan bien, que creo que en mi próxima reencarnación voy a elegir ser corredor del Red Bull Out of Hell!

Disfruten el video

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