
La primera medalla para Sudamérica en los Juegos Olímpicos esta muy cerca y podría venir nada menos que desde Brasil.
En los últimos años, Brasil ha comenzado a aparecer con mayor frecuencia en el radar de los deportes de invierno. Un país sin tradición alpina, sin centros de esquí y con condiciones climáticas ajenas a la nieve, hoy compite en Copa del Mundo, Juegos Olímpicos y campeonatos internacionales con atletas de alto nivel. Los casos de Lucas Braathen, Patrick Burgener, Christian Soevik —y otros que podrían sumarse en el corto plazo— reflejan una estrategia clara: aprovechar la doble nacionalidad como vía de acceso a la élite. Sin perjuicio de aquello también está la vereda contraria, de brasileros nacidos y criados que salen en busca de oportunidades y están en la elite mundial, como es el caso de Zion Bethonico, snowboarder de cross que obtuvo la primera medalla para Sudamérica en los Juegos Olímpicos Juveniles.
La oportunidad del pasaporte
Desde una mirada deportiva y reglamentaria, el camino es completamente válido. La normativa internacional permite representar a un país siempre que se cumplan los requisitos de nacionalidad y los plazos de cambio de federación. Brasil, ha visto en el pasaporte una oportunidad estratégica para posicionarse rápidamente en la escena internacional.
Lucas Braathen es el ejemplo más visible. Formado íntegramente en el sistema noruego —uno de los más sólidos del mundo—, su decisión de competir por Brasil no solo eleva el nivel deportivo del país, sino que también multiplica su visibilidad mediática. Algo similar ocurre con Patrick Burgener, snowboarder de élite con formación suiza, o con Christian Soevik, proveniente del entorno escandinavo. En todos los casos, Brasil se beneficia de atletas ya hechos, con experiencia, resultados y recorrido competitivo.
Si bien estos deportistas hoy representan a Brasil, sus procesos formativos —técnicos, competitivos y culturales— se desarrollaron completamente en sus países de origen. Sistemas de detección temprana, infraestructura de primer nivel, entrenadores especializados y calendarios de competencia consolidados fueron claves en su desarrollo. Nada de eso fue provisto por Brasil.
Esto abre una pregunta legítima: ¿estamos frente a un crecimiento real de los deportes de invierno en Brasil o ante una estrategia de corto plazo basada en la captación de talentos externos?
La respuesta, probablemente, esté en un punto intermedio. Por un lado, estos atletas pueden transformarse en referentes, generar interés, atraer sponsors y abrir puertas institucionales y darle visibilidad a lo deportes de invierno. La nieve per se ya es un deseo muy aspiracional de la sociedad brasilera y tener a grandes exponentes abriría la puerta a algo más grande.
Lucas “Pinheiro” Braathen: rendimiento inmediato, formación ajena
El caso de Lucas Braathen es, sin duda, el más emblemático y el que mejor ilustra la estrategia brasileña en los deportes de invierno. Nacido y formado en Noruega, Braathen creció dentro de uno de los sistemas de esquí alpino más desarrollados y competitivos del mundo. Desde categorías juveniles fue parte de programas de alto rendimiento, con acceso a infraestructura, entrenadores, volumen de entrenamiento y competencia de primer nivel. Estuvo por años en la selección noruega, ganando desde campeonatos juveniles hasta copas del mundo.



Sin embargo durante el 2024 tuvo un conflicto con la federación noruega. Un nudo crítico por temas de sponsors que lo hizo retirarse del deporte y estar un año alejado de las pistas preparando el bombazo: su cambio de nacionalidad, para el 2025 entrar de lleno al circuito con un equipo propio (apoyado por Red Bull) y representando la bandera brasilera. En esa temporada ya obtiene los primeros podios en copa del mundo para la nación sudamericana.
Sus resultados hablan por sí solos: Pinheiro Braathen no solo compite al más alto nivel, sino que es protagonista regular del circuito, con una imagen potente y una conexión mediática que trasciende lo deportivo. Su madre es brasilera, por ello tiene la doble nacionalidad.
Para Brasil, su incorporación significa un salto inmediato de calidad, visibilidad global y posicionamiento competitivo. Para el análisis deportivo, sin embargo, el punto clave es claro: Brasil recibe a un atleta completamente formado, en su peak competitivo, sin haber intervenido en ninguna etapa relevante de su desarrollo.
Patrick Burgener: experiencia olímpica y consolidación internacional
Hace unos días el snowboarder patrick burgener hizo historia. Obtuvo el 2do lugarEl snowboarder Patrick Burgener representa otro ejemplo significativo, aunque con un recorrido distinto. De nacionalidad suiza-brasileña, Burgener se formó íntegramente en Suiza, país con una tradición sólida en snowboard y freestyle. Desde joven compitió en el circuito europeo y mundial, construyendo una carrera consistente en slopestyle y big air.

Burgener cuenta con participaciones olímpicas, finales en Copas del Mundo y una presencia estable en los grandes eventos del calendario internacional. Su paso a representar a Brasil le permitió extender su carrera competitiva, asumir un rol de referente y abrir espacio para que el país sudamericano tenga representación real en disciplinas donde antes era inexistente.
Al igual que en el caso de Braathen, el aporte deportivo es indiscutible. No obstante, el proceso vuelve a evidenciar la misma lógica: la formación, el desarrollo técnico y la experiencia competitiva fueron adquiridos fuera de Brasil. El país se suma al resultado final del proceso, pero no a su construcción.
Zion Bethonico y Augustinho Teixeira: desarrollo propio y señal de largo plazo
El contrapunto necesario a esta estrategia lo representa Zion Bethonico. A diferencia de los casos anteriores, Bethonico es 100% brasileño y su camino deportivo sí responde a un proceso impulsado desde Brasil, con apoyo federativo y una planificación orientada al desarrollo real del atleta. Bethonico hizo historia al ganar la primera
Zion ha construido su carrera principalmente en snowboard, con presencia sostenida en el circuito internacional juvenil y adulto, participaciones en Copas del Mundo y una progresión constante en resultados. Su formación ha requerido, inevitablemente, entrenamiento en el extranjero —principalmente en Europa y Norteamérica—, pero bajo un esquema distinto: no se trata de un atleta “importado” en etapa madura, sino de un proyecto trabajado desde edades tempranas, con identidad brasileña y proyección a largo plazo.

El valor del caso Bethonico va más allá de sus resultados puntuales. Representa la posibilidad concreta de que un país sin nieve desarrolle atletas de invierno mediante planificación, inversión y continuidad. Es la demostración de que el camino largo existe, aunque sea más costoso, más lento y menos vistoso en el corto plazo.
¿y Chile?
La experiencia brasileña abre inevitablemente una comparación con Chile, un país que sí cuenta con cordillera, centros de esquí, tradición competitiva y un ecosistema activo de deportes de invierno. A diferencia de Brasil, Chile no necesita recurrir al pasaporte como estrategia principal, pero enfrenta otros desafíos igual de complejos: continuidad en los procesos, financiamiento estable, transición efectiva del nivel juvenil al alto rendimiento y retención de talentos.
Mientras Brasil acelera su presencia internacional incorporando atletas ya formados, Chile ha optado históricamente por construir desde dentro, con resultados desiguales y ciclos marcados por avances y retrocesos. La paradoja es evidente: Brasil compite sin nieve, Chile tiene nieve pero lucha por sostener proyectos de largo plazo.








